Article épinglé

vendredi 5 juin 2026

La encrucijada de la automatización: un problema insalvable para el capitalismo

 FUENTE https://observatoriocrisis.com/2026/06/05/la-encrucijada-de-la-automatizacion-un-problema-insalvable-para-el-capitalismo/

Andres Piqueras, profesor senior de la Universidad Jaume I

El desarrollo de la tecnología, que desemboca hoy en la IA y la robótica, va haciendo tender el valor (tiempo socialmente necesario de producción de las mercancías) al mínimo. También va expulsando constantemente de los procesos productivos a la fuente de plusvalor, esto es, a los seres humanos, sin que esa expulsión sea compensada proporcionalmente por nuevos nichos de empleo. 

Las “fábricas oscuras” son un testimonio cada vez más palmario de ello, teniendo a China como formación puntera en su desarrollo, el porqué de lo cual lo iremos explicando.

De momento digamos que el desarrollo de las fuerzas productivas es desde hace tiempo frenado por las consecuencias recién nombradas, que conllevan la falta de rentabilidad del capital. La inversión productiva declinante a causa de esa carencia se agrava además por la incapacidad de las nuevas tecnologías de desatar una renovada onda de acumulación, pues ninguna de ellas consigue hacer despegar la economía hacia tasas de ganancia altamente satisfactorias (nada parecido a lo que significó la electricidad, el motor de combustión, el acero, la química o la telefonía, por ejemplo).

En general, el estancamiento de la producción y la ralentización de la productividad deben buscarse en la creciente incapacidad del capital de absorber y generalizar nuevos adelantos técnicos, de lo que tiene gran responsabilidad la propia desinversión en infraestructura, educación y formación, y no en la escasez de inventos potencialmente importantes, dado que, paradójicamente, estamos en el umbral de una nueva Revolución Industrial que puede alterar todo el curso del capitalismo e incluso la relación de la humanidad con el mundo.

Tal potencial “revolución industrial” resulta de la combinación y suma de al menos las tecnologías de: microelectrónica + informática + biogenética + nanotecnología + inteligencia artificial & neurociencia + robótica.

Sólo en este último campo, por ejemplo, un informe del Bank of America Merrill Lynch, de 2007, destaca ocho sectores estratégicos donde los robots podrían tener un efecto económico revolucionario en el futuro inmediato: inteligencia artificial; campo militar e industria aeroespacial; transportes; finanzas; salud; producción industrial; servicios domésticos y minería. A lo que habría que añadir los profundos efectos de una agricultura robótica, así como los de la computación cuántica.

Todas estas potencialidades casan mal con el mencionado freno tecnológico con el que camina el capitalismo por falta de rentabilidad. Lo que viene a redundar en que este modo de producción se manifieste cada vez más como un estorbo para el desarrollo de las fuerzas productivas. Antes al contrario, lo que se evidencia cada día es que desata proporcionalmente más y más fuerzas destructivas. 

Además de la acelerada destrucción de riqueza natural y social, de la cada vez más mortíferamente boyante industria militar y la consiguiente devastación de vida y riqueza causada, y amén de la obsolescencia programada de las mercancías, hay que considerar también la producción-basura o producción desechable que propaga el capitalismo, con la destrucción directa de vastas cantidades de riqueza acumulada y de recursos elaborados. 

Así por ejemplo el achatarramiento de coches y otras mercancías maquínicas, el desechado de materiales y bienes que tienen todavía vida útil, la caducidad artificialmente prematura de alimentos… y ahora incluso ha comenzado una “moda verde” por la que hay que deshacerse lo más rápidamente posible de todo lo que no es suficientemente “ecológico”, y sustituirlo por una vasta gama de nuevas mercancías que nos venden como “sostenibles”.

Tales fuerzas destructivas van minando la propia sociedad a la que dio origen el capital, no sólo por estar basada precisamente en el trabajo abstracto (asalariado) que genera valor, sino por todo el ciclo de erradicación de sus posibilidades de sostenimiento.  

Veamos, un determinado orden económico sólo tiene sentido y es viable en la medida en que se retroalimenta de alguna manera con la formación social que, con todas sus contradicciones, le sostiene. El parcial reencastre de la economía en la sociedad, una vez que fueron separadas en el modo de producción capitalista -como nos advirtiera Polanyi-, ha sido lo que permitió la construcción de la “civilización industrial” en los núcleos centrales del sistema capitalista, así como su mermada extensión hacia las periferias del mismo. 

La extracción de plusvalía y el régimen de propiedad privada fueron factibles porque, a pesar de la desposesión y la explotación, a través del trabajo asalariado se otorgaba la posibilidad del consumo obrero y de su (relativo) acceso a bienes y recursos, así como una cierta redistribución del excedente para cimentar la cohesión social, con lo que la sociedad (aun fragmentada y profundamente desigualitaria) se fue expandiendo en diferentes términos.

Para Marx el capital cumple al menos dos funciones esenciales, para él mismo y para la sociedad, al explotar la fuerza de trabajo asalariada. 

  1. Contrata fuerza de trabajo y le devuelve una parte del valor que ha producido en forma de salario, además de extraer plusvalía que al ser realizada en la venta de lo producido se convierte parcialmente en nuevo (mayor) capital para expandir las operaciones capitalistas. 
  2. El salario posibilita fuentes de consumo que crean la demanda para absorber las mercancías hechas fabricar por la clase capitalista, esto es, “realiza” el proceso del valor-capital (D- M + Ft – D’). Esta “función social” del capital implica crear sociedad mediante el mantenimiento y la generación de empleos en los periodos de auge y ciertas garantías de reproducción de la fuerza de trabajo. Todo ese ciclo es sustentado a la vez por el Estado, que es el ente que en la sociedad capitalista monopoliza lo social e intenta absorber y controlar bajo su seno todas las expresiones del común.

A partir de la Segunda Guerra Mundial la penetración capilar del capital en la totalidad social obligó al Estado a asumir la responsabilidad de la logística y la infraestructura de gastos de tal proceso.

“‘La ley de la cuota creciente del Estado sobre el producto interno’, enunciada por Adolph Wagner a mitad del siglo XIX, cobraba plena vigencia a través del crónico y ascendente endeudamiento estatal. 

En un nivel elevado de cientifización y de intensificación del capital, los gastos generales y las condiciones infraestructurales del proceso de creación de valor empiezan a ahogar la propia creación de valor, lo que se hace evidente en una paradójica inversión de la relación entre Estado y sociedad: ya no es la sociedad la que nutre al Estado, para que éste se encargue de los “asuntos generales”, sino que por el contrario es el Estado el que debe alimentar a la sociedad con el ‘capital ficticio’, para que ésta pueda mantenerse en su forma vuelta obsoleta del sistema productor de mercancías” (en http://docslide.us/documents/kurz-robert-la-ascension-del-dinero-a-los-cielos.html).

Así que si un modo de producción sólo puede existir si de alguna manera es capaz de “nutrir” a la sociedad de la que nace, el sistema capitalista sólo es posible o viable a medio plazo en tanto mantenga cierto “ciclo virtuoso” (redistribuidor) al menos en sus formaciones centrales o de capitalismo primigenio, por más que la extensión planetaria de esa suerte de “simbiosis antagónica” del Capital y el Trabajo resulte imposible por ser contradictoria con las propias dinámicas de un Sistema basado en la explotación del trabajo humano, la competencia, la concentración y la centralización del capital, y que además necesita para mantener aquella base redistribuidora forjadora de sociedad, dinámicas externas de colonización.

Es decir, que el capitalismo ha tenido siempre que destruir comunidades y sociedades por doquier para poder crear sociedad en determinados puntos neurálgicos. La gravedad del momento para él es que hoy devora la sociedad de sus propios núcleos centrales -de ahí que vengamos hablando hace tiempo de que el capital viene emprendiendo procesos de autocolonización o autofagocitación-, viviendo más y más de la riqueza que fue creada previamente (un modo de producción en degeneración que vive del pasado al tiempo que a través de la colosal deuda que propaga para poder hacer subsistir algún remedo de funcionamiento social y económico, va comiéndose su futuro).

De manera que en la actualidad el capitalismo ha perdido ya cualquier atisbo de su “función progresista histórica”, su labor positiva en la creación de sociedad que tuvo en su fase industrial, aun a pesar de las horribles formas de explotación, las contradicciones y desigualdades en que se basaba. 

Samir Amin (http://www.cairn.info/revue-actuel-marx-2003-1-page-101.htm; Más allá del capitalismo senil) lo expresó así:

«Lo potencial y lo real entran en conflicto. La dominación del capital sobre el trabajo extrae su legitimación histórica del hecho que el progreso exigía una acumulación creciente. Este ya no es el caso, la nueva revolución tecnológica permite la producción de más riqueza con menos trabajo y menos capital a la vez. Las condiciones para que otro modo de organización de la producción suceda al capitalismo están desde ahora realmente reunidas. El capitalismo está objetivamente caduco. Mas dentro del mundo del capitalismo real el trabajo no puede ponerse en obra por él mismo, sino por el capital que le domina y en la medida en que le sale a cuenta, es decir, en la medida en que la inversión es rentable. Este funcionamiento, por tanto, al excluir del empleo a una proporción creciente de trabajadores potenciales (privándoles entonces de cualquier ingreso), condena al sistema productivo a contraerse o al menos a no desenvolverse más que a un ritmo de crecimiento largamente inferior a aquél que la revolución tecnológica permitiría sin él».

Por eso durante la fase keynesiana las potencialidades de la automatización se frenaron en aras del proceso de integración de la clase trabajadora, que se necesitaba con más urgencia dada la existencia de un enemigo sistémico que además hacía cundir una economía social sin precedentes: la Unión Soviética. 

Durante la mal llamada “Guerra Fría” y hasta la desaparición de la URSS, las respuestas de la clase capitalista y los gobernantes estadounidenses a las crisis estructurales que comenzaron en los años 70 fueron las de desviar la aplicación de las nuevas tecnologías hacia la industria militar y ampliar el acceso de la población al crédito, para así mantener en cierta medida los niveles de empleo y consumo, lo cual fungió a la vez como “escaparate de abundancia del capitalismo” frente a la relativa escasez de medios de consumo en los países de transición al socialismo. Complementariamente, se prefirió emprender la deslocalización productiva.

Recordemos que la “futurología” de Alvin Toffler y George Gilder de los años 60 hasta los 80 del siglo XX (y mucho antes de ellos Albert Einstein y Norbert Wiener ya habían advertido al respecto), alertaba de que el desempleo por la automatización llevaría a levantamientos sociales, y que la conclusión de la clase dominante sería la de “guiar el desarrollo tecnológico en direcciones que no desafiaran las estructuras de autoridad existentes”; algo que gobernantes y “capitanes de la industria” ya habían pensado. 

De hecho, las posibilidades disruptivas de la automatización fueron discutidas en los años 50-60 del siglo XX, en los ámbitos de poder industrial y político de EE.UU. “The Automation Jobless” fue el título que se le dio en TIME de 24 de febrero de 1961: lo que preocupaba no era que la automatización sustituyera trabajo humano sino de que no fuera capaz de crear igual cantidad de nuevos puestos de trabajo. 

La preocupación era tan grande que el presidente Lyndon B. Johnson, promovió en 1964 la creación de una Comisión Nacional sobre “Tecnología, Automatización y Progreso Económico”. La Comisión se tomó en serio la posible disrupción tecnológica, hasta el punto que recomendó, entre otras medidas de corte distributivo, “un ingreso mínimo garantizado para cada familia”, utilizando al Estado como empleador de última instancia (de hecho, hace tiempo que el Capital tiene pensada la “renta básica” como un -pobre- paliativo a la Des-sociedad que expande. 

No deja de resultar curioso, haciendo al caso, que 6 décadas después venga a aparecer un informe que ratifique aquellos “miedos” ocultados a la población: “Dos economistas acaban de publicar una prueba matemática de que la IA destruirá la economía” https://x.com/jackcoder0/status/2060751108184916012).

Pero también en la Unión Soviética la cuestión se trató seriamente. En concreto el 8 y 9 de febrero de 1955 el Soviet Supremo de la URSS anticipaba, con un informe de Bulganin, que la marcha inexorable de la automatización podía suponer la auto-aniquilación del capitalismo. 

Una de las figuras punteras que analizó lo que se desarrollaba con la automatización fue Radovan Richta (La civilización en la encrucijada). Entre algunas de sus más importantes conclusiones estaba la de que la automatización no era una nueva etapa de la mecanización, sino una “fuerza revolucionaria” capaz de trastocar toda la estructura social y ser la impulsora de un nuevo modo de producción (de facto, a través de la automatización él veía abiertas las posibilidades objetivas del socialismo), pues toda forma específica de fuerza productiva impone una cierta estructura correspondiente en la vida social. Sólo las relaciones sociales de producción capitalistas estaban impidiendo ese paso revolucionario y sólo las socialistas lo impulsarían al máximo. 

Por eso la civilización soviética sí intentó ir hacia adelante con el salto tecnológico, aunque el lastre de la industria pesada de la que partía, que se fue haciendo obsoleta, más el bloqueo tecnológico que padeció por el Sistema Mundial capitalista, no pudieron dar cumplido impulso a ese desarrollo, por más que ya mostró el poderío de sus fases iniciales. El posterior acoso final del capitalismo mundial abortó lo que estaba en ciernes.

En cambio, en el campo capitalista en esos momentos la velocidad de la automatización fue frenada en aras de mantener el modelo industrial tendente al pleno empleo, y con él la integración-fidelidad de las poblaciones, habida cuenta del equilibrio sistémico de fuerzas que existía con el mundo soviético. También por miedo a las propias consecuencias “revolucionarias” de la automatización. Todos los debates y preocupaciones suscitados por la automatización fueron también aplazados y sustraídos a la opinión pública por más de 30 años.  

Con todo ello por delante, fue decisión de los gobernantes industriales no financiar la investigación en fábricas de robots que todos anticipaban en los sesenta, y en su lugar relocalizar sus fábricas para utilizar intensivamente la mano de obra en China y otras formaciones sociales periféricas. Graeber señaló ya en 2012 que:

una razón por la cual [en EE.UU.] no tenemos fábricas de robots es porque alrededor del 95 por ciento de los fondos para la investigación en robótica han sido canalizados a través del Pentágono, que está más interesado en desarrollar drones sin pilotos que en automatizar fábricas de papel” (http://thebaffler.com/salvos/of-flying-cars-and-the-declining-rate-of-profit).

Desaparecida la “amenaza soviética” en 1991, fue más fácil entonces dar rienda suelta al binomio financiarización-automatización. El capitalismo retornó a líneas de desarrollo tecnológico más acorde con sus imperativos de competencia intercapitalista. Aunque en concreto, el viraje hacia la investigación en las tecnologías de la informática y las telecomunicaciones no fue tanto una reorientación motivada por aquellos imperativos, cuanto parte de un objetivo de vigilancia, disciplina laboral y control social. 

Eso significaría que el Capital veía factible combinar a partir de entonces la humillación tecnológica de la Unión Soviética con una victoria en la guerra de clases a escala global, vista simultáneamente como la imposición absoluta del dominio militar estadounidense en el mundo y al nivel doméstico lograr la desbandada o al menos desarticulación de los sujetos y movimientos sociales más antagonistas.

Así se inauguró una nueva expansión del capitalismo estadounidense a través de las tecnologías informáticas y de comunicación, que a su vez realizaron la difusión de la automatización y la robótica por una parte del mundo a través de la deslocalización productiva. 

Más tarde, los estallidos de la crisis en 2000-2001 y 2007-2008, que aceleraron la recesión y la pérdida de empleos al tiempo que frenaban el expansionismo bursátil, ralentizaron de nuevo la dinámica de automatización (esos “pinchazos” hicieron resurgir en EEUU el debate sobre la automatización en una economía capitalista, el cual se ha manifestado en una creciente producción de análisis y estudios que se pusieron de moda académica). 

Pero la ingeniería política que se desata contra la sociedad es inexplicable sin esa revolución en las formas de producir que posibilita el comienzo de la fractura de la relación Capital-Trabajo propia de la era keynesiana en las formaciones del capitalismo central. 

Finalmente, la acelerada sustitución de trabajo vivo (seres humanos) por trabajo muerto (máquinas) con la automatización y robotización, ahondaría en el nuevo proceso de “desconexión de la economía” -y de la clase capitalista-, respecto de la sociedad, quizá soñando ya esa clase con un “futuro maquínico” postcapitalista -o modo de producción automatizado-. Pero recordemos, el salto al vacío más allá de la ley del valor en un régimen de propiedad privada de los medios de producción implica necesariamente una humanidad desechable; en términos capitalistas, suprimible.

Hay que tener en cuenta, en cualquier caso, que tal “secesión” de la clase capitalista es posible por la “desconexión” previa de las finanzas respecto de la economía productiva (debido, no lo olvidemos, a la creciente incapacidad de ésta de generar nuevo valor) y, en general, por la separación de la economía respecto de la sociedad[1]. 

Con lo cual “los ricos” no tienen razones para volver atrás en el proceso, más bien se esfuerzan por provocar una realidad en la que no tengan que depender del Trabajo ni mezclarse en ningún momento con el mismo (así han llegado a creérselo a través de la economía especulativo-parasitaria financiera y sus dinámicas de desposesión). Resulta cada vez más impensable, por tanto, proponer “nuevas soluciones reformistas” a partir de procesos con el calado sistémico que aquí se está mostrando.

Sea como fuere, semejante espiral de “desconexión” de la economía tiene dramáticas consecuencias para la población mundial. Uno de los numerosos indicadores que inciden en ello es el del aumento sostenido a lo largo de los últimos lustros de la tasa de participación de las rentas del capital en el PIB, a expensas de una continuada disminución de las rentas del trabajo, cuyo cuerpo asalariado no ha dejado de crecer, para más inri.

Si consideramos que el empleo-salario es en nuestras sociedades la principal fuente de distribución de la riqueza, podemos imaginarnos las repercusiones que su carencia o la creciente reducción del salario conllevan para la desigualdad social, traducida por una apabullante concentración de la riqueza en una exigua élite social, como viene detallando Oxfam en sus sucesivos informes. 

Ya en 2014 desglosaba cómo había crecido el porcentaje de participación en la renta del 1% más rico de la población en 24 de los 26 países que tienen registrados estos datos (The World Top Incomes Database). A escala global señalaba que el 10% más rico del planeta poseía el 86% de los recursos, mientras que el 1% acaparaba cada vez más cerca de la mitad de la riqueza mundial (Oxfam, http://www.oxfamintermon.org/sites/default/files/documentos/files/bp-working-for-few-political-capture-economic-inequality-200114-es.pdf). 

Apenas un año después por primera vez en la historia de la humanidad, el 1% de la población acaparaba más del 50% de los activos mundiales (Credit Suisse – http://publications.credit-suisse.com/tasks/render/file/index.cfm?fileid=C26E3824-E868-56E0-CCA04D4BB9B9ADD5; Oxfam, https://www.oxfam.org/sites/www.oxfam.org/files/file_attachments/bp210-economy-one-percent-tax-havens-180116-es_0.pdf)[2].

Si a todo ello unimos el desmoronamiento de las “clases medias” (sólo un 6,7% de la población mundial puede hoy caer dentro de esa categoría -Milanovic, La era de las desigualdades. Dimensiones de la desigualdad internacional y global-), lo que nos muestran sin lugar a dudas estos datos es que todas las clases sociales que dependen del empleo, del salario o de remuneraciones provenientes de la masa global de ingresos por el trabajo, están siendo afectadas y pauperizadas. 

Hecho que, a su vez, tiene profundas consecuencias sobre el consumo y por tanto sobre las propias posibilidades del beneficio capitalista (y que hasta ahora sólo un enorme sobreendeudamiento global ha logrado paliar parcial y pasajeramente). ¿Hasta qué grado, entonces, y hasta cuándo tamaña desigualdad se puede compatibilizar con las instituciones del capitalismo industrial regulado? ¿Es viable una mínima cohesión social con esa desigualdad?

Las respuestas son negativas para ambas preguntas. Y las élites han comenzado a prepararse para los nuevos escenarios. Veamos. El atasco del capital productivo ha permitido a los detentadores del capital a interés, el principal beneficiario pasajero de esta desconstrucción social, adquirir mayor protagonismo dentro de la clase capitalista y por tanto en la dirección sistémica. 

Con el mismo se dispara igualmente el proceso de concentración oligopólica que asfixia cualquier desarrollo de “libre” competencia capitalista, y que da lugar a una oligarquía “global”, la cual constituye una clase rentista también global, sin compromisos nacionales ni sociales, dado que, como hemos visto, alberga la ilusión de pensar que su ganancia está desvinculada del factor trabajo o, en definitiva, de la sociedad. 

Presa del fetichismo del dinero, cree o al menos actúa (dado que ya no le va quedando otro agarre para crecer) como si pudiera seguir incrementando indefinidamente ese ciclo ilusorio-ficticio de expansión del dinero a través del dinero, sin considerar la creación de valor, esto es, más allá de la economía productiva y por supuesto de la matriz ecológica que sustenta en última instancia toda posibilidad de generación de riqueza (y sí en cambio interviene destruyendo más y más riqueza social y natural). 

Esa oligarquía parasitaria actúa por tanto como si pudiera seguir enriqueciéndose indefinidamente sin contrapartidas sociales: ni empleo ni redistribución ni seguridad para las poblaciones. Por lo que se “desconecta” cada vez más de éstas y promueve “des-sociedad”.

En cambio China, que a diferencia de la URSS sí recibió inversión tecnológica en su territorio, no sólo supo aprovecharla para el desarrollo social mediante una planificación redistribuidora, sino que,  guiada políticamente (la Política al mando de la economía) por el PCCh, con parámetros ajenos al beneficio privado, sí ha podido desarrollar las potencialidades que la deslocalización industrial le han brindado, asociadas a una economía planificada que prioriza el desarrollo social o bien colectivo (a pesar de haberse compaginado con el beneficio empresarial en estas primeras fases). Por eso su robótica causa la admiración del mundo.

China, que tomó buena nota de la ingeniería y la ciencia económica soviéticas aplicadas a la industria, lidera el despliegue mundial de robots industriales, impulsa aceleradamente nuevas industrias tecnológicas y busca sostener su crecimiento -cada vez más cualitativo- mediante automatización avanzada e IA física. Ostenta el mayor mercado de robótica del mundo, con unos 2 millones de robots industriales operativos y el 54% de todas las instalaciones globales anuales[3]. 

La cuota de mercado de fabricantes chinos de robots pasó del 30% en 2020 al 57% en 2024, reforzando la autosuficiencia tecnológica y siendo, además la robótica el eje del 15º Plan Quinquenal (2026–2030), con una reorientación del modelo económico hacia el alto valor añadido (robots de asistencia, sistemas médicos inteligentes, planeaciones y diseños arquitectónicos, vehículos conectados, dispositivos asistenciales y hogares inteligentes forman parte de un ecosistema que impulsa una “economía para el bienestar social”). Todo ello viniendo de una formación social que era la segunda más pobre del mundo -sólo después de Bangladesh- antes de su revolución socialista.

Aunque los robots humanoides aún están en fase piloto, el gigante asiático los utiliza para demostraciones públicas que exhiben su liderazgo tecnológico.

Y es que China no tiene que frenar el desarrollo tecnológico debido a que caiga el beneficio, dado que la dictadura de la tasa de ganancia que rige en las sociedades capitalistas no está al mando allí ni es el leitmotiv del funcionamiento socioeconómico. Porque un mundo en que las máquinas estén colectivizadas permite un desarrollo social incomparable. En cambio, si están en unas pocas manos privadas no generan más que miseria y desechabilidad para la mayor parte de la humanidad.

Parece claro, por tanto, que siguiendo la línea de evolución tecnológica propia del desarrollo de fuerzas productivas que la humanidad acomete, y a falta de hecatombe bélica que la potencia capitalista en decadencia pudiera imponer en su empeño de no ser relevada -como su Guerra Sistémica Permanente o Guerra Mundo ya muestra-, podríamos marchar hacia una automatización de los procesos productivos. La cual, impulsada por el capitalismo, sólo podría desarrollarse en unas pocas “islas” geográficas, para unas exiguas minorías sociales (modo de producción automatizado ya no capitalista). 

Llevada a cabo planificadamente -con medios de producción socializados- tendremos grandes retos ecológicos por delante, sobre todo, aunque no sólo, relacionados con la energía, los sumideros y el tamaño de la población mundial, pero teniendo a la salvaguarda de las sociedades como objetivo prioritario (modo de producción socialista con alto desarrollo de la automatización, pues). En cualquier caso, para ninguna disyuntiva de esta enorme encrucijada histórica el capitalismo parece tener viabilidad.

No debería ser difícil, en consecuencia, elegir la opción más adecuada para nuestra especie en estos momentos. La única que puede permitir su supervivencia mínimamente digna: la vía socialista.

Notas

[1] Siempre, en los períodos en que prima la opción financiera rentista -según nos decía Arrighi-, asistimos a esta “desconexión” de la economía con la sociedad (como ya apuntaron también Hobson y Polanyi). Las finanzas asumen una posición dominante; la renta (que a la postre no significa sino extracción o desposesión de la riqueza colectiva) pasa a ser el denominador común y la sociedad comienza a “disolverse” por el desempleo, la competencia con los bajos salarios del exterior y la pauperización generalizada… Hasta ahora este proceso ha sido parcialmente compensado porque al menos de forma temporal se rehace sociedad en los núcleos que van surgiendo como emergentes de la economía capitalista (hoy especialmente en China, donde la vía de transición al socialismo preservó siempre la sociedad). La cuestión es hasta cuándo podrán hacerlo. Cuando se ha llegado a un nivel de profundidad y de metástasis tan grande como la actual, lo más probable es que sólo pueda ser contrarrestado con otra “Gran Transformación” (Polanyi dixit), la construcción de otro orden social y económico.

[2] Desglosadas estas proporciones en 2015, arrojaban los siguientes resultados: el 0,7% de la población acaparaba el 45,2% de la riqueza mundial, el 7,4% un poco menos del 40% (y el 21% el 12,5%); mientras que el 71% de la humanidad sólo dispone del 1% de la riqueza total, en términos personales.

[3] Sólo Corea del Sur y Singapur tienen más robots por fuerza laboral humana que China, pero -además de ver lo que supone la fuerza de trabajo total en cada una de esas formaciones sociales- la primera es ante todo una base militar asistida por EE.UU. y la segunda es un “puerto” para el comercio global y los servicios financieros, mediante los cuales -más la permanente “ayuda comercial” norteamericana- puede mantener una logística avanzada y tecnología de punta. EE.UU. ni aun expandiendo el ciclo de generar dinero de la nada para expropiar dinero de otros, más toda la extorsión mundial de sus bonos y deuda, puede seguir ese ritmo en su economía cada vez menos productiva.

 

jeudi 4 juin 2026

Jimmy Carter, el inventor del yihadismo, y el padrino de Bin Laden y Jomeini

 FUENTE https://www.publico.es/opinion/muere-jimmy-carter-inventor-yihadismo-padrino-bin-laden-jomeini.html

El expresidente de EEUU Jimmy Carter.
El expresidente de EEUU Jimmy Carter. 

Una impresionante ingeniería geopolítica

"No, no me arrepiento", respondió el que fue asesor de seguridad de Carter, Zbigniew Brzezinski, a la pregunta de la revista francesa. Los beneficios que sacó EEUU del yihadismo islámico alcanzaron hasta América Latina: con el dinero de armas vendidas a los ayatolás, a través del mismísimo Israel y a petición primer ministro de Israel Shimon Pere, Washington patrocinó a los Contra en Nicaragua. 

Complot Carter-Jomeini

Se aceleran las gestiones

Borrando huellas


Olimpiadas de México 1968






 Patricio Bascuñán Correa Dr.© en Estudios Latinoamericanos, Universidad de Chile. Diseñador gráfico y magíster en Estudios Latinoamericanos. Miembro de Editorial Anagénesis y académico de la carrera de Diseño de la Universidad de Chile.

Rigoberto Reyes Sánchez. Sociólogo, maestro y egresado del Doctorado en Estudios Latinoamericanos.

Ciudad: Ciudad de México
Productor: Comité Olímpico
Personas Vinculadas: Pedro Ramírez Vázquez, Lance Wyman, Taller de Gráfica Popular (TGP), Guillermo González Camarena, Esther Montero, Gustavo Díaz Ordaz
Ubicación: MUAC, Museo Universitario de Arte Contemporáneo, UNAM.  País: México    Año: 1968

“Ante nuestros ojos aparecían, de un día para otro, enormes anuncios y carteleras de artistas y caricaturistas mexicanos, fotografías documentales de excelente valor estético, diseños sobre los deportes, murales ilustrando nuestra artesanía, flores y palomas inmensas, todo haciéndonos olvidar que no teníamos un pedazo de cielo azul donde poner los ojos.”

— Helen Escobedo,1975    

Los Juegos Olímpicos de México 1968 fue un evento multideportivo celebrado en la Ciudad de México, entre el 12 y el 27 de octubre. La ocasión fue utilizada por el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz (1964–1970) del PRI (Partido Revolucionario Institucional) para transmitir una imagen de prosperidad y progreso de un país en vías de desarrollo, con la presencia de un fuerte Estado de Compromiso. Se trató de la primera vez que un país latinoamericano fue sede de las Olimpiadas; sin embargo, suele  recordarse por motivos extradeportivos, como las innovaciones en diseño, las protestas estudiantiles y la violencia política de Estado.

Desde la elección de México como sede en 1963, se impulsó un complejo plan de diseño multiescalar. Este contempló labores coordinadas en materia de urbanismo, arquitectura, diseño y artes visuales, con el fin de proyectar un escenario urbano ordenado y coherente. Se realizaron importantes renovaciones urbanas, como la Villa Olímpica Libertador Miguel Hidalgo, que consiste en 80 edificios emplazados en un área de 20 mil metros cuadrados. También se erigieron modernos edificios para la ocasión, como la Alberca (piscina) Olímpica Francisco Márquez y el Gimnasio Olímpico Juan de la Barrera, ambos exponentes de la arquitectura de cuño racionalista, en sintonía con las corrientes del Movimiento Moderno y sus derivas brutalistas.

Al respecto de la arquitectura del evento, cabe destacar su integración con las artes, así como su relación con la imagen en general. Desde los cimientos mismos de las nuevas estructuras, así como en la adaptación de complejos deportivos preexistentes, se reconoce una práctica de integración plástica. Hablamos de toda una tradición, con un amplio desarrollo en México, forjada al alero del muralismo y la experimentación vanguardista, que busca cruzar el arte y la arquitectura. Desde la concepción del proyecto mismo, “se trabajó en colaboración con los arquitectos desde que nace el edificio […]”, donde “la labor plástica queda introducida en el cuerpo arquitectónico como parte de él, no como mera ornamentación” (Guzmán, 1987: 131). Se realizan obras con fines pedagógicos, como el mural de Diego Rivera, La Universidad, la Familia Mexicana, la Paz y la Juventud Deportista (1964–65), ubicado en el frontis del Estadio Olímpico Universitario. Donde figuran monumentales deportistas de tenida blanca, portadores de la antorcha encendida, el águila y cóndor sobre un nopal. Un conjunto que reposa imponente sobre Quetzalcōātl, la Serpiente Emplumada. Nótese la intervención realizada en los suelos, con motivos de ondas vibrantes, en línea con el diseño op-art de la identidad gráfica del evento. Cabe mencionar que las distintas obras arquitectónicas fueron concebidas como íconos del evento y  sus imágenes fueron ampliamente reproducidas en folletos y estampillas. Bajo un mismo sistema visual se organizó la información del metro, se adornaron avenidas y se empapelaron kioscos. En definitiva, Ciudad de México se presentaba al mundo como una ciudad moderna, organizada como un todo único. 

Una de las innovaciones más significativas fue la introducción de la televisión satelital a color. Una verdadera gesta olímpica fue impulsada por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, organismo estatal que estuvo a cargo de un proceso de modernización técnica e infraestructural en el sector de las telecomunicaciones. Hablamos de un caso sin precedentes en el que destaca la labor del ingeniero e inventor Guillermo González Camarena, creador de los sistemas tricromático secuencial y bicromático simplificado, que permitieron difundir la televisión a color en México y en el mundo desde mediados del siglo, de forma previa a la implantación del estándar internacional NTSC. Referimos a la existencia de una industria con un notable desarrollo tecnológico, potenciada por las nuevas tecnologías satelitales. En plena guerra fría, las imágenes del evento fueron transmitidas a nivel mundial gracias al satélite ATS‑3, lanzado recientemente por la NASA en 1967. De este modo, gracias a los avances de la industria audiovisual mexicana y a las aportaciones de tecnologías de punta, el evento fue proyectado en color a nivel planetario con los más altos estándares de la época. Fue un verdadero espectáculo, en el que cada plano y cada encuadre estaban cuidadosamente estudiados.

Pese a que existe una polémica en torno a la autoría del sistema de identidad visual de México ‘68, se reconoce, a modo de consenso, que el diseño del logotipo y de la marca en general fue realizado por el norteamericano Lance Wyman –autor, a su vez, de los pictogramas del Metro de la Ciudad de México– y el mexicano Pedro Ramírez Vázquez. El sistema que realizaron se diseñó en sintonía con las estrategias modernas de comunicación visual empleadas en otros eventos olímpicos, como el de Tokio de 1964. Puntualmente, la propuesta de Wyman y Ramírez combina referencias modernas  del op art –también conocido como arte óptico– y elementos del arte huichol. Ambos referentes, en términos formales, comparten el uso de colores vibrantes y patrones geométricos. Se trata de un sistema que fija criterios y lineamientos, reconocibles tanto para afiches, postales, estampillas y todo tipo de ephemeras. Cabe destacar el sistema de pictogramas: una serie de sencillos íconos que representan las diversas disciplinas deportivas, concebido para un público no necesariamente alfabetizado ni hispanohablante.

Sin embargo, pese a las iniciativas modernizantes y la tremenda “gesta olímpica” impulsada por el gobierno, de forma previa al evento deportivo, estalla una serie de movilizaciones que hacen manifiesto el descontento y las contradicciones que se viven en la sociedad mexicana.  El movimiento estudiantil y popular de 1968 en México no solo confrontó al régimen autoritario del PRI, sino que también generó una visualidad política inédita, especialmente en el ámbito de la gráfica. En contraposición a la estética oficial de los Juegos Olímpicos, artistas y estudiantes de instituciones como la UNAM y La Esmeralda impulsaron una producción visual colectiva, anónima y profundamente ligada a los valores del movimiento, como el antiautoritarismo, la cultura de asamblea y la irreverencia. La gráfica del ‘68 no adoptó un estilo único, sino que se caracterizó por su diversidad estética y técnica, nutrida por influencias como el Taller de Gráfica Popular y por prácticas populares como la caricatura y la cartonería.

Uno de los gestos más potentes fue la reapropiación de los símbolos olímpicos, resignificados para denunciar la represión estatal. Ejemplos como el cartel de Adolfo Mexiac con un joven amordazado sobre el emblema de México ‘68, o la paloma olímpica atravesada por una bayoneta de Jesús Martínez, evidencian la crítica visual. Igualmente significativas fueron acciones performáticas, como la quema de un gorila de papel maché que representaba al jefe de policía, en un acto que evocaba el ritual popular de la quema de Judas.Otra estrategia de la protesta fue  la ausencia simbólica de emblemas nacionales, como cuando se izó una bandera rojinegra en lugar de la bandera nacional en el Zócalo. En el ámbito institucional, algunos pintores mostraron su apoyo volteando sus obras hacia la pared y escribiendo consignas en el reverso. 

Luego de semanas de movilización estudiantil, en las que la única respuesta del gobierno de Díaz Ordaz fue la represión, se llevó a cabo la Matanza de Tlatelolco, perpetrada el 2 de octubre, apenas dos semanas antes del encuentro deportivo. En plena Plaza de las Tres Culturas (con obras de arquitectura indígena, colonial y moderna), el ejército mexicano acorraló a una multitud de manifestantes y abrió fuego, asesinando a decenas de personas a plena luz del día. Tras la masacre, la censura fue desafiada por un cartón de Abel Quezada que mostraba un rectángulo negro con la pregunta “¿Por qué?”.

Pese al clima convulsionado, el evento deportivo se realizó con relativa normalidad. Sin embargo, hubo una serie de sucesos que quedarían marcados para la posteridad. Uno de estos fue el acto de inauguración, en el que la atleta Enriqueta Basilio encendió el fuego olímpico, siendo la primera mujer en la historia en hacerlo. Otro hito, cuya imagen recorrió el mundo, fue el gesto de los medallistas Tommie Smith y John Carlos, quienes realizaron el saludo del poder negro en su ceremonia de premiación. Los Juegos Olímpicos de México se recuerdan hoy principalmente por razones extradeportivas: fueron el escenario de uno de los momentos más convulsos de la historia reciente del país y de la región. El 68 latinoamericano marcó un punto de inflexión en el que múltiples estallidos desde los márgenes sociales pusieron al descubierto las contradicciones y los límites del proyecto desarrollista. En ese clima de efervescencia política, distintos movimientos sacudieron los fundamentos del Estado nacional mientras se libraba un debate profundo entre dos visiones de futuro: la vía reformista y la revolución.

ARTE Y POLÍTICA. La gráfica del ´68 mexicano


El movimiento estudiantil y la Masacre de Tlatelolco también impactó fuertemente en las artes visuales. Presentamos algunas imágenes y registros donde se observan esas transformaciones en las prácticas artísticas.

El movimiento estudiantil irrumpió en 1968 en el mundo y también en México en forma revolucionaria, impactando directamente en el ámbito de la cultura de los años sesenta como puede observarse particularmente en las transformaciones realizadas en las artes plásticas.

Se dió un proceso de reactivación del arte político donde artistas consagrados apoyaron al movimiento estudiantil. La izquierda y la militancia eran una parte activa en los fenómenos contraculturales. El estado mexicano, que en la primera parte del siglo XX se había mostrado como un agente modernizador en las artes, sufrió una crisis perdiendo su papel hegemónico.




A






Uno de los grandes centros de producción fue San Carlos. En el siguiente video el artista Adolfo Mexiac y Arnulfo Aquino cuentan sobre su experiencia militante desde las artes como parte del movimiento estudiantil de 1968. El mismo cuenta con la colaboración de Oscar Menendez, un cineasta mexicano que retrató la época.

Genèse (edgard Pillet, 1950)


Pillet tourne "Genèse" film d'animation dont les acteurs sont des éléments géométriques simples, ligne, carré, cercle qui jouent entre eux, s'entrecroisent, se rapprochent, se combinent puis s'éloignent.  


 

Ode à la rébellion bolivienne

 

Ce qui importe en Bolivie, c'est qu'elle est devenue le principal bastion des cultures indigènes du continent, les moins affectées par la civilisation occidentale. Sa valeur principale reste le collectif.

Ça devait arriver en Bolivie : dans le pays le plus américain des Amériques, le plus indien, le plus intemporel, le plus vivant. En ces temps amers du continent, alors que tout ce qui avait été conquis au cours des dernières décennies avec tant de rêves et tant de sang, apparemment, s’effondrait, faisant reculer le temps jusqu’à l’obscurité du passé. Les croyants expliqueraient que c’est parce qu’à l’époque où la Bolivie ne s’appelait pas encore ainsi, Wiracocha a choisi justement les eaux du Titicaca, près de son île du Soleil, pour apparaître devant les gens désespérés et perdus, afin d’indiquer la direction à leur esprit. D’autres diraient que c’est parce que le Che, bien des siècles plus tard, a opté pour la Bolivie dans la plus inégale et impossible des luttes, pour y mourir de la plus grande des immortalités.

Au-delà des politologues ou des touristes qui confondent les métaphores du « mendiant assis sur un trône d’or » avec « la fille préférée de Bolívar » ou « le cœur de l’Amérique », la terre bolivienne n’est pas « une ressource », ni un « bien immobilier » ni un « actif économique » : elle est la magie, la poésie et la musique, encore libres de la médiocrité et de la mesquinerie capitalistes. Voilà pourquoi ça devait arriver en Bolivie.

Il est tout à fait normal que les grands médias refusent de voir cette rébellion populaire qui va bientôt atteindre un mois. Plus ils ignorent ou désinforment sur ce qui se passe aujourd’hui en Bolivie, plus ce processus véritable est significatif, et personne ne peut le faire breveter. Comme à leur époque les affaires de McDonald’s et de Coca-Cola ont échoué en Bolivie, aujourd’hui, ici, les rêves fascistes de Musk et de ses amis, ainsi que ceux de ses concurrents de pseudo-gauches spécialisés dans l’ouverture de la voie aux corporations, sont en train d’échouer.

Sûrement, la presse mondiale veut faire avec la Bolivie la même chose que ce que l’on dit que la reine d’Angleterre a fait au XIXe siècle : la légende raconte qu’un président bolivien de l’époque aurait humilié l’ambassadeur britannique, l’expulsant du pays à dos d’âne. Alors la reine Victoria, furieuse, prit la carte de l’Amérique du Sud, biffa la Bolivie et décréta : « La Bolivie n’existe pas. » Mais elle existe, elle résiste et elle est en train de vaincre.

L’actuel président bolivien, Rodrigo Paz, durant ses six premiers mois de mandat, a fait tout son possible pour mettre fin à toutes les conquêtes sociales des vingt dernières années de l’histoire bolivienne et a procédé à l’arrestation des dirigeants de gauche qui avaient eu, il y a peu, la naïveté de céder le pouvoir démocratiquement.

Un mandat d’arrêt a également été émis contre Evo Morales, accusé de « traite des personnes aggravée », ce qui implique jusqu’à vingt ans de prison. Cela est particulièrement ironique venant d’un gouvernement raciste qui a livré le pays aux partenaires et amis d’Epstein. Avec les arrestations massives des dirigeants de la résistance populaire, les chefs de la rébellion sont passés dans la clandestinité. Bien que le président Rodrigo Paz semblât lui aussi être dans la clandestinité, car on n’avait eu aucune nouvelle de sa localisation physique pendant plusieurs jours, tandis qu’Evo continuait à accorder des interviews et des déclarations à la presse. Alors, quel est le réel pouvoir qui commande en Bolivie ?

Apparemment, Trump et ses alliés vont voir surgir un nouveau problème énorme dans une partie de ce qu’ils ont toujours considéré comme leur « arrière-cour », s’il existe une menace que l’exemple bolivien s’étende aux pays voisins, comme l’Argentine, le Pérou, l’Équateur et d’autres, où les mouvements populaires n’atteignent pas encore la clarté et la puissance du monde social bolivien.

Je crois que l’un des principaux problèmes de l’Amérique latine est qu’elle ne s’est pas rendu compte du changement radical qu’a connu le monde ces dernières décennies. Parler aujourd’hui de « gauches » et de « droites » comme il y a 40 ou 50 ans, c’est non seulement ne pas comprendre le monde actuel, mais aussi condamner toute lutte à une défaite certaine.

En ces temps, plus personne ne respectera aucune norme constitutionnelle ou démocratique, pas même les plus bourgeoises. La masse des électeurs, de plus en plus ignorante, est entre les mains fermes des réseaux sociaux et des écrans de télévision, qui garantissent toujours le résultat que le pouvoir leur commande. L’objectif de ce pouvoir n’est plus l’exploitation des peuples comme au temps de Marx ou de Bolívar, mais la réduction de leur population et la destruction de la spiritualité et de la culture humaines. Mais surtout, ils doivent s’assurer que nous ne comprenions jamais des vérités aussi simples que celle-ci.

L’Amérique latine actuelle est le principal champ d’essais pour les expériences sur l’organisation future du monde. En comparaison, le fameux laboratoire du néolibéralisme, créé il y a quelque temps par la dictature d’Augusto Pinochet au Chili, est un jeu d’enfant.

L’important en Bolivie, c’est que ce pays est devenu aujourd’hui le principal bastion des cultures indigènes du continent, les moins affectées par la civilisation occidentale. Sa valeur principale reste le collectif. Quiconque connaît personnellement la Bolivie sait parfaitement que c’est un territoire où ne règne pas la logique occidentale des pays voisins, et que le tissu social et les relations y sont différents. De même qu’il est difficile pour un étranger de décrire les particularités mentales de la Russie, il en va de même pour la Bolivie. Ce sont des mondes qui, jusqu’à présent, échappent à la logique du système, qui peigne et aplatit le monde sous son unique moule néolibéral. Ce sont les maillons faibles de la chaîne infaillible du système, qui soudain commence à faillir.

Pour que le soulèvement populaire actuel en Bolivie devienne une révolution et en sorte victorieux, ses dirigeants et ses participants doivent comprendre que leur lutte n’est pas seulement contre l’oligarchie locale et ses sponsors américains, mais contre la machinerie de mort mondiale qui agit simultanément et partout. Le Commandement Sud des États-Unis déploie déjà ses forces en Bolivie. Les mercenaires ne manqueront pas non plus. Les régimes voisins d’Argentine, d’Équateur, du Chili et du Paraguay, ainsi que ceux moins proches comme le Costa Rica, le Panama, le Salvador, la République dominicaine, la Guyane et Trinité-et-Tobago, sans compter le lointain Israël, ont déjà averti les Boliviens qu’ils « ne peuvent pas permettre le renversement de dirigeants démocratiquement élus ».

La presse locale, historiquement liée aux pouvoirs narco, s’affaire déjà à répandre que « le trafic de drogue est derrière la tentative de coup d’État ». Les organisateurs professionnels et avoués de dizaines de coups d’État et d’assassinats politiques, et le gouvernement bolivien qui, en seulement six mois au pouvoir, a réussi à ne tenir aucune de ses promesses électorales ni à garantir le respect d’aucun article de la Constitution, voilà que soudain ils se sont inquiétés de la « menace pour la démocratie » et du « risque d’un coup d’État ». Ils sentent qu’ils perdent le contrôle. On prépare un massacre.

Le pouvoir global des corporations, après ce qu’elles ont fait en Syrie, à Gaza, au Liban, au Soudan et ailleurs, s’apprête aujourd’hui à baigner la Bolivie dans le sang et, si cela lui convient, ses voisins. La seule différence, c’est que, dans ce nouveau tournant de l’histoire, le génocide des indigènes est planifié en même temps que le génocide de la majeure partie de l’humanité. La résistance et la victoire ne seront possibles que si l’on comprend la réalité et l’ampleur de la menace.

Oleg Yasinsky

 https://www.lahaine.org/mundo.php/oda-a-la-rebelion-boliviana

La mort de Duch n’efface pas la responsabilité des impérialismes occidentaux soutiens du régime Pol Pot au Cambodge!

 Duch, de son vrai nom Kaing Guek Eav, ancien chef de la prison de Phnom Penh Tuol Sleng vient de mourrir à 77 ans. C’était l’une des figures médiatisées des atrocités commises par le régime du Kampuchéa Démocratique de Pol Pot, malhonnêtement présenté par la propagande anticommuniste comme un pouvoir communiste, le régime dit des « Khmers Rouges ». Un régime qui a bien peu à voir avec le communisme et qui n’a d’ailleurs jamais compté dans le camp du socialisme mais plutôt dans celui de ses ennemis, confrontant le Vietnam socialiste et l’URSS.

NON, le régime Pol Pot n’est pas un monstre du communisme, mais bien du capitalisme et de ses guerres et stratégies impérialistes, de ses répressions et massacres.
bombardement US à l’agent orange

Faut-il rappeler que les USA et le bloc capitaliste occidental ont pesé de tout leur poids pour que le régime Sihanouk dans les années 1950/1960 élimine les dirigeants communistes du parti ouvrier du Kampuchéa laissant ainsi le champ libre dans les années 1970 à la bande de Pol Pot et Khieu Samphân?

La guerre au Cambodge, ce sont les USA!

Puis lorsque Sihanouk est en voyage en URSS et y affiche son engagement dans le non-alignement, les USA appuient son renversement par le sanglant Lon Nol le 18 mars 1970, 1er ministre et ex-ministre de La Défense, permettant à l’armée américaine d’attaquer les troupes du Vietminh, alors stationnées au Cambodge, et d’y propager ainsi la guerre. De 1970 à 1975 ils provoquent la mort de plus d’un demi million de Cambodgiens, plongeant le pays dans la pire des violences.

Sihanouk, réfugié en Chine, riposte en s’alliant avec les Khmers Rouges, les propulsant, de même que les bombardements massifs par les USA du Cambodge, vers le pouvoir…

Le régime Pol Pot, soutenu par les USA, la Grande-Bretagne et la Chine contre le Vietnam et l’Union Soviétique

Avec un régime Lon Nol soutenu à bout de bras par les USA, le Cambodge est précipité dans la guerre que les USA font au Vietnam. Avec la victoire du Vietnam socialiste, les USA sont contraints en 1975 de se retirer de la région. L’arrêt des bombardements massifs de B52 signe dès lors la fin du régime fantoche et détesté de Lon Nol et l’installation au pouvoir de Pol Pot.

Mais faut-il rappeler que les premiers actes des Khmers de Pol Pot, après avoir vidé les villes, seront d’attaquer et de massacrer les régions sous contrôle des communistes cambodgiens proches du Vietnam socialiste ? Alors que les journaux tels que Le Monde ou Libération alignés par antisoviétisme sur la rhétorique maoïste encensent le régime de Pol Pot, c’est le Vietnam socialiste qui révèle et dénonce ces crimes de masse.

Le 25 décembre 1979, le Vietnam intervient et libère Phom Penh le 7 janvier 1979. En août 1979, Pol Pot et Ieng Sary sont condamnés à mort par contumace reconnus coupables de génocide. La presse occidentale, à l’image du journal Le Monde dénonce alors un « procès stalinien » .

Faut-il donc rappeler que ce sont les armées soutenues et formées par le Vietnam socialiste soutenu par l’Union Soviétique, qui sont intervenues pour chasser Pol Pot et ses sbires de Phnom Penh ? Une offensive lancée le jour de Noël 1978 a mis fin aux crimes de masse dont on estime que près de deux millions de personnes ont été les victimes. Pour autant, cette intervention n’a pas mis fin aux actions de ce régime du « Kampuchea Démocratique », qui, installé et protégé en Thaïlande par les capitales occidentales ainsi que Pékin a pu poursuivre durant des années ses exactions dans une guérilla sanglante contre le Cambodge.

Den Xiaoping et Carter

Rappelons que ce sont la Grande-Bretagne et les États-Unis d’Amérique qui – longtemps après que Pol Pot et les khmers rouges ont été chassés du pouvoir par les combattants soutenus par le Vietnam socialiste – ont continué à reconnaître Pol Pot et les Khmers rouges comme les autorités légitimes.

Margaret Thatcher et Ronald Reagan ont ainsi insisté pour que l' "ambassadeur" de Pol Pot conserve son siège aux Nations unies, et ont même sanctionné le gouvernement vietnamien alors en charge du pays, en empilant les ossements dans des musées pour que le monde entier puisse voir ce que le pays avait subi.

En 1979 et 1980, ils font adopter par l’assemblée générale de l’ONU des résolutions condamnant l’intervention vietnamienne, soutenant explicitement jusqu’en 1989 la coalition réunissant Pol Pot et Sihanouk !

En 1982, avec la Chine, ils reconnaissent et appuient le Gouvernement de coalition du Kampuchéa démocratique (GCKD) présidé par Sihanouk réunissant khmers rouges anti-vietnamiens et anticommunistes pro USA. Le GCKD reçoit une aide occidentale qui finance directement les armées de Pol Pot.

Comble du cynisme, Londres et Washington, appuyés par l’ensemble du bloc capitaliste dont la France, ont frappé le Cambodge libéré de lourdes sanctions.

En même temps, les Khmers rouges en exil ont reçu secrètement des millions de dollars du gouvernement américain – une aide qui a duré près d’une décennie après leur renversement. C’est ainsi que la CIA aurait fourni du matériel de guerre, de l’argent, des armes et des renseignements par satellite pendant toutes ces années, et aurait discrédité les organisations caritatives occidentales en les obligeant à fournir de la nourriture aux meurtriers de masse.

Le Janes Defence Weekly puis le Daily Telegraph ont révélé qu’en 1989 – plus d’une décennie après que le monde eut appris l’existence des champs de bataille – le SAS britannique aidait encore à former l’armée de Pol Pot en exil dans la jungle. En effet, à la suite du scandale Iran-Contra qui a éclaté en 1986, l’opération des Khmers rouges est devenue une affaire exclusivement britannique – même l’administration Reagan n’arrivant plus à assumer la honte supplémentaire d’armer et d’entraîner « les Khmers Rouges ». Non pas que Margaret Thatcher n’ait pas eu honte – son gouvernement a menti au parlement en refusant cette aide aux Khmers rouges – avant d’admettre en 1991 qu’il le faisait depuis 1983. Mais lorsque l’aide a finalement pris fin, l’inimitié a continué.

Au milieu des années 1980, les USA font pression sur la Thaïlande pour qu’elle maintienne sa protection des armées Khmers Rouges qui continuent de frapper le Cambodge.

Dans les années 1990 ce sont encore les USA qui appuient une coalition hétéroclite dirigée FUNCINPEC de Sihanouk qui s’allient aux Khmers Rouges pour tenter de chasser du pouvoir les progressistes autour de Hun Sen.

Reculades de l’ONU Samedi 22 Mai 1993 – L’Humanité
Quelques mois après l’installation de la Mission préparatoire des Nations unies au Cambodge (MIPRONUC) à partir de février 1992, un premier encouragement a été donné aux Khmers rouges. Le général Loridon, commandant des premiers détachements de l’ONU, se voit refuser de patrouiller sur l’ensemble du territoire. Cet officier supérieur français est alors limogé avec l’accord de Paris. Le 13 juin 1992, les Khmers rouges confirment leur refus de laisser les forces de l’Autorité provisoire (APRONUC) se déployer dans les zones qu’ils affirment contrôler. Alors que les autres forces, celles du gouvernement cambodgien, du prince Sihanouk et de Son Sann se conforment aux accords de paix en entamant le désarmement de 70% de leurs forces et le cantonnement de celles-ci, les hommes de Pol Pot et de Khieu Samphan refusent de se laisser désarmer. Le 5 août 1992, les Khmers rouges rejettent la loi électorale mise en route par l’ONU. En réponse, à New York, on confirme que la date prévue pour les élection – mai 1993 – est maintenue, tandis que le secrétaire général des Nations unies préconise, avec l’appui de Paris et de Washington, la «diplomatie patiente» envers les auteurs du génocide cambodgien. Les Khmers rouges en profitent pour semer la terreur parmi la minorité nationale vietnamienne. Des dizaines de milliers de personnes fuient le pays, après le massacre de plus d’une centaine de pêcheurs d’origine vietnamienne. L’ONU se contente d’assurer que cette fuite «sera protégée». Dans le même temps, les hommes de Pol Pot s’attaquent à différents détachements de l’ONU, notamment indonésiens, sri lankais, japonais et chinois. L’APRONUC décide de se replier, laissant dégarnie de tout contrôle la frontière entre le Cambodge et la Thaïlande. Onze casques bleus ont été abattus au cours des quatre derniers mois et de nombreux véhicules ont été volés. Dernière reculade en date: l’ONU renonce à contrôler le déroulement du scrutin dans près de la moitié des bureaux de vote.

extraits d’un article de l‘Humanité – 1993

Les États-Unis soutiennent ainsi la tentative de coup de force de juin 1997 qui est déjoué par Hun Sen et les forces armées du Kampuchea populaire le 5 juillet 1997. Permettant alors de relancer les actions des forces de sécurité qui chassent définitivement ce qui reste de l’armée khmer rouge de Ta Mok et Pol Pot dont les derniers débris se réfugient une nouvelle fois en Thaïlande.

Georges Galloway, a longtemps été député travailliste au parlement britannique et, à ce titre, a participé à des missions d’observation électorales au Cambodge. Il témoigne dans les colonnes de RT :

J’étais le chef du groupe d’observateurs parlementaires britanniques envoyé au Cambodge pour surveiller la première élection multipartite de Hun Sen il y a près de 30 ans. Les observateurs internationaux et les diplomates envoyés pour nous servir me semblaient n’avoir qu’un seul but : discréditer le vainqueur Hun Sen, alors le plus jeune Premier ministre en exercice au monde, et fomenter un nouvel isolement du Cambodge.

J’ai passé une grande partie de chaque longue journée dans le pays à chercher à discréditer les personnes dont la conduite allait de douteuse à carrément discréditée. Loin d' "observer", la plupart des observateurs internationaux étaient des acteurs ayant un programme. Seul M. Chatterjee, alors chef du parlement indien, qui était à mes côtés en permanence, était véritablement un observateur impartial. Je me souviens encore du venin avec lequel son verdict « libre et équitable » a été salué par mes collègues parlementaires occidentaux.

Personne ne doit l’oublier que, si pour accéder au pouvoir, Pol Pot et son régime ont dupé le peuple cambodgien en se réclamant du communisme, c’est par l’appui des forces anticommunistes et nationaliste de Sihanouk, et des impérialismes occidentaux ainsi que de la Chine anti-soviétique qu’ils se sont maintenus au pouvoir puis ont poursuivi leurs atrocités, financés et armés par les USA et la Grande-Bretagne. À l’inverse ce sont les communistes, avec le Vietnam appuyé par l’URSS qui ont libéré le Cambodge du joug du régime Pol Pot et l’ont ensuite protégé des attaques de Pol Pot et de ses sbires.

jbc pour www.initiative-communiste.fr